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El lugar y la forma en que se conocieron, hacía presagiar que esta pareja francesa tenía un especial gusto por lo exótico y original. Fue en el 2007 durante un evento organizado por Bruno en un restaurante mexicano. Nueve años después, sabían que un día no bastaba para gritar a los cuatro vientos toda esa felicidad que los conducía a una nueva etapa en su relación, el acontecimiento más importante de sus vidas: su matrimonio.

Sin lugar a dudas, la conexión previa que existía con el fotógrafo de bodas, Jérôme de Utopikphoto, también determinó que todas esas emociones y sentimientos de los novios y sus 120 invitados se vieran reflejados bajo su lente. Así comienza la boda de Charline y Bruno…

El civil y la fiesta, entre Francia y Marruecos

Charline y Bruno escogieron Grenoble, una ciudad ubicada al sureste de Francia, para las formalidades de su matrimonio civil. La novia presurosa arrancó el día muy temprano con sesión de maquillaje para enfundarse luego, en un hermoso vestido blanco con detalles rosa, color elegido, para hacer juego con el traje de su futuro esposo.

La boda fue de mañana y los 120 invitados asistieron con sus maletas listas para un viaje de tres días. Luego del brindis, caprichosos bocadillos, risas, abrazos y la foto oficial, subieron todos al bus que los condujo al aeropuerto, como si de una buddymoon se tratase.

Los previos continuaron en el avión con copas de champagne y muchos brindis. Todos contentos arribaron a Marruecos por la tarde. La lujosa Riad Omayma Mahal, tradicional palacio señorial con jardín interior, aguardaba por los novios y su séquito de amigos y familiares. Todo estaba dispuesto al milímetro para la celebración.

Personas cercanas a Charline y Bruno oficiaron una segunda ceremonia y sus talentosas madres entonaron una dulce canción para sus hijos en medio de aplausos y conmovedores momentos. Al son de un violín, bajo un cielo estrellado y pirámides humanas, terminó el primer día.

En medio de la nada

Las idílicas dunas del desierto de Sahara Occidental ubicadas en Marruecos fueron escenario del segundo día. Un almuerzo tradicional con deliciosos manjares de la cocina local aguardaba a los novios y a sus invitados.

Carpas que armonizaban con el entorno natural fueron perfectamente acondicionadas para dar continuidad al espíritu festivo que todavía conservaba el matrimonio de Charline y Bruno. La tarde finalizó con una visita al centro de la ciudad, cafés y muchos momentos gratos.

A la mañana siguiente Jérôme proyectó una selección de fotografías registradas durante los primeros días. Amigos y familiares de los flamantes esposos disfrutaron ese instante entre risas y sorpresa. El fotógrafo contratado por la pareja capturó con maestría cada mirada, sonrisa, e instante álgido para armar, el que sería, su primer foto reportaje de bodas de tres días y fuera de su país.

Y para dejar en claro que la fiesta continúa, la novia decidió lanzar su ramo a la piscina, para que sus invitados -listos en sus trajes de baño- se lancen a por él y con ese acto, se dé inicio al último día de celebración. ¡Patos al agua!

¿Sueñas con un matrimonio como el de Charline y Bruno? ¡No te pierdas nuestros consejos para planificar una Destination Wedding!